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sábado, 11 de agosto de 2007

CUERPO Y CONCIENCIA

Antonio Damasio, afamado neurólogo autor de "El error de Descartes" y "Sentir lo que sucede", declaró en la entrevista de E. Punset en TVE (link en columna derecha) lo siguiente:
"Y luego las cosas entran en una espiral más complicada en la que aumenta la conciencia y el sentimiento, más y más... pero de algún modo, es necesario el inicio. Si no sintiéramos nuestro organismo, para empezar, si no notáramos sus cambios, ¡no podría haber conciencia! La conciencia está íntimamente vinculada con esta sensación inicial de uno mismo, y para tener una sensación de uno mismo es necesario sentir tu propio organismo y lo que cambia en él".
La madre, en la imagen que ilustra esta entrada, hace cosquillas al niño; este siente el cambio en su cuerpo; siente además que el cambio ocurre en los límites de su cuerpo y que se trata de una sensación gozosa y placentera. Cuando el niño siente que siente, nos devela que la estructura necesaria para tener conciencia existe en él, y devela además que múltiples unidades sensorimotrices se han activado en él y han traído al escenario de su vida, un emocionar. Lo que Damasio nos dice contiene una afirmación radical, cual es, que sin la ocurrencia de fenómenos sensorimotrices no podríamos tener conciencia; no podríamos saber, que que lo que ocurre, ocurre en un self, en un sí mismo..
El origen de la conciencia, está en el cuerpo.

viernes, 27 de abril de 2007

FENOMENOS SENSORIMOTRICES I

En varias entradas de este blog, he empleado la expresión, fenómenos sensorimotrices. Algunos lectores me han sugerido que me refiera más extensamente a ello. Acepto gustoso la sugerencia porque, como espero se aclare más adelante, ni la Biología, ni la Medicina, ni la Emoción, serían lo que son (si llegaran a ser algo) sin la concurrencia de lo sensorimotriz.
Por la necesidad de describir esquemáticamente, diremos que la historia de lo sensorimotriz se inicia cuando ciertas configuraciones de energía empezaron a constituir átomos, luego moléculas simples, que devinieron en complejas hasta la aparición de las biomoléculas y el ya famoso equipo CHONPS (Carbono, Hidrógeno, Oxígeno, Nitrógeno, Fósforo, Azufre) a partir del cual el mundo de las configuraciones moleculares posibles se expandió logarítmicamente hasta hacer posible el surgimiento de lo autopiético, es decir, lo vivo. Si aguzamos la mirada, nos daremos cuenta que lo que encierran los fenómenos arriba descritos (energías, átomos, moléculas etc.) es la capacidad de crear relaciones entre elementos; relaciones que abren nuevas posibilidades, que no estaban presentes antes de que la relación se constituyera. Para que esas nuevas posibilidades surgieran hay que aceptar que "crear relación" implica (para los elementos que constituyen la relación), sentir de algún modo la relación y responder de algun modo a ese sentir. En el mundo de lo vivo (o autopoiético) responder es moverse. Todo el conjunto pasa a ser un fenómeno sensori (siento) y motriz (me muevo). Las casi infinitas posibilidades de plasticidad que abrió en la Evolución la aparición del Sistema Nervioso, se basan en estos humildes fenómenos sensorimotrices. Pero esto no es sólo válido para el Sistema Nervioso, sino que lo es tanto para organismos unicelulares carentes de él, como para otros sistemas integrados en el organismo, como los Sistemas Inmune, Endocrino, Cardiovascular, Músculo esquelético, o, cualquier fenómeno que ocurra en seres vivos.
Toda emoción por ejemplo, está constituido por fenómenos sensorimotrices, que por cierto surgen desde nuestra Estructura Total, huella encarnada de nuestro vivir. Nuevos fenómenos sensorimotrices gatillarán cambios estructurales que cambiarán nuestra Biología, nuestro emocionar, nuestro hacer y como consecuencia nuestro ser. Ya lo hemos dicho: Somos según lo que hacemos.
PERO, si no atendemos a los fenómenos sensorimotrices que surgen en nuestro cuerpo como consecuencia de lo que hacemos, entonces nos vamos volviendo insensibles a las consecuencias de nuestro hacer y a partir de este punto ya no nos sentimos responsables de lo que hacemos.
Entramos al vivir sin vivir; al vivir sin sentir, pasamos por la vida, sin vivirla, ¡ que no es el caso del torero que ilustra esta entrada!